Fauna del Garajonay.

Foto: Tim Hart
Los bosques del Parque Nacional constituyen un hábitat crítico para especies raras o amenazadas de avifauna como son las emblemáticas palomas de la laurisilva, la paloma turqué (Columbia bollii) y la paloma rabiche (Columbia junionae). A diferencia de la fauna vertebrada, que es relativamente pobre, la fauna invertebrada adquiere una notable importancia, destacando al igual que en la flora sus elevadas tasa de endemicidad.
La fauna del parque pasa desapercibida ya que sus aves son tímidas y se ocultan entre la espesura y sus insectos son menos vistosos y prefieren los hábitats más recónditos.
Los invertebrados tienen gran importancia pues constituyen la base viviente indispensable para el mantenimiento de la vida animal y vegetal. Son el principal alimento para muchos vertebrados asi como buenos polinizadores de las flores, además de fundamentales en la descomposición de la madera y en la formación y fertilidad del suelo. Existen unas 452 especies de invertebrados exclusivos del parque y unas 150 especies endémicas del Parque Nacional de Garajonay. Dentro del grupo de los invertebrados destacan arañas, saltamontes, mariposas y escarabajos.
Vertebrados dentro del Parque existen unas 33 especies, destacando anfibios, aves y mamíferos.
Dentro de los anfibios en el Parque sólo está presente la Ranita verde (Hyla meridionalis) que se alimenta de hormigas, arañas, ... y se localiza en las zonas bajas del Parque.
Las aves son los animales más representativos de la isla y por tanto del Parque destacando las Palomas de la laurisilva y las rapaces como el Gavilán (Accipiter nisus granti). Sus alas son estrechas y redondeadas para poder volar entre los árboles y sus hábitos discretos y recelosos le diferencian de otra rapaz como el Cernícalo (Falco tinnunculus canariensis).
Además existen otras aves pequeñas como son el Tabobo o Abubilla (Upupa epops), el Bisbita caminero (Anthus berthelotii), el mosquitero común (Phylloscopus collybita canariensis) y el mirlo (Turdus merula cabrerae) "jardinero por excelencia" ya que se encarga de llevar la semilla de plantas y árboles de un lado a otro.
Los mamíferos que habitan en el Parque son todos introducidos excepto los murciélagos de los que existen 4 especies y son muy escasos
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Coleópteros del Garajonay.
Este es el más variado de todos los órdenes de insectos, encontrándose en el recinto del Parque no menos de 400 especies distintas, destacando la elevada proporción de endemismos gomeros y señalando que muchas de estas especies están además estrictamente limitadas a las mejores zonas de laurisilva.
Esta asombrosa diversidad es posible gracias a la considerable especialización de los coleópteros, habiendo una fauna muy diferente en cada uno de los distintos microhábitats que se encuentran en pocos metros cuadrados de terreno.
Uno de los ambientes más ricos es el epiedáfico, en el que predominan las especies de carábidos que durante el día se refugian bajo piedras y troncos.Entre los carábidos, veloces predadores, hay una variada fauna de hasta 50 especies diferentes que alcanza un elevadísimo porcentaje de endemismos no sólo gomeros sino incluso del Parque.
Cabe destacar también la fauna humícola, abundante en todos aquellos lugares donde la hojarasca cubre el suelo pero muy difícil de observar pues el pequeño tamaño de sus componentes y el fácil escondrijo que supone esta hojarasca la hacen pasar desapercibida.
Algunos coleópteros se han adaptado a vivir bajo la superficie, bien sea en el mismo suelo (edafobios) o en el subsuelo (hipogeos), conocido este último como "medio subterráneo superficial". Entre los primeros predominan especies de pequeño tamaño (algunos como Entomoculia canariensis con 1´9 mm de longitud y 0´2 mm de anchura)- Los hipogeos son menos reducidos y de apéndices más largos. Una característica común a ambos grupos es la tendencia a la anoftalmia, así como una despigmentación más o menos acentuada.
Las plantas representan múltiples recursos para muchos coleópteros. Las especies del género Laparocerus devoran sus partes tiernas, siendo frecuente observar sus efectos en las hojas de las lauráceas. En ocasiones muestran una marcada especificidad por la planta huesped de la que se alimentan como el Xenomicrus apionides (gorgojo), que lo hallaremos exclusivamente sobre el ortigón.
Los micófagos se alimentan exclusivamente de hongos, bien de las propias setas o de mohos que crecen en el mantillo o bajo las cortezas de troncos caídos. Destacan esntre ellos las 8 especies de Tarphius (colidíidos) que hay en el Parque y que practicamente no se encuentran fuera de su recinto.
Los xilófagos realizan un interesante aprovechamiento de la madera muerta (carcomas, gorgojos y longicornios). Sus larvas suelen llevar una vida prolongada debido al bajo poder nutritivo del alimento ingerido, mientras que los adultos viven lo justo para encontrar pareja y reproducirse. Abriendo troncos podridos podemos observar predadores de estos xilófagos que en fase larvaria persiguen a sus presas por el interior de las galerías que ellas mismas han formado al devorar la madera.
La fauna corticícola la componen aquellas especies que se hallan bajo las cortezas fácilmente desprendibles como la del tejo, o simplemente bajo las cortezas de árboles muertos. Se trata de una fauna distinta compuesta por animales micófagos y sus predadores, destacando los Philorzius, ágiles carábidos de llamativos dibujos negros y amarillos. El ambiente rupícola está también muy bien caracterizado, con especies exclusivas como el carábido Calathus apicerugosus, que se refugia entre las lascas de roca semidesprendidas. El acúmulo de hojas secas que permanece en los tallos de Aeonium y Sonchus alberga diversos coleópteros.
Finalmente, el medio acuático proporciona un refugio adecuado para diversos coleópteros, habiendo algunos plenamente adaptados a la natación como los girínidos o "tejederas". La gran capacidad de dispersión que tienen en general los coleópteros acuáticos hace que ninguna de las diversas especies presentes en el Parque sea endémica. Muchos carábidos, sin llegar a las adaptaciones natatorias de las familias anteriores, están sin embargo ligados a las orillas de corrientes de agua como el Agonum nicholsi.
Fotos: Tim Hart



